Salimos del País Vasco parando a comer en un bar de carretera cerca de Pamplona y ahí fue donde elegimos el nuevo destino. Logroño seria la penúltima ciudad de la aventura.
Dejamos atrás Navarra, atravesamos parte de Burgos, y entramos a la Rioja, llegando a Logroño a ver qué tal estaba la ciudad del vino un miércoles.
Logroño es pequeño, no será mucho más grande que Alcoy y no es muy turística, pero no está mal, a mí fue una de las que más me gusto del viaje.
Encontramos rápido una pensión donde dormir gracias a la Turist Info, dejamos los trastos y nos fuimos al centro con la idea de volver a la pensión pronto para aprovechar el día siguiente en Zaragoza.
Paseamos por todo el casco antiguo y viendo una exposición de fotos en la que la peña decían que eran la ostia, mientras Mario y yo las veíamos como simples fotos que nosotros éramos capaces de hacer.
Cansados de andar nos tomamos una birrita en lo que sería el Kioket de Logroño, justo enfrente del parlamento de la Rioja que no sería mucho más grande que el ayuntamiento de Ibi.
La camarera nos recomendó una zona de tapas para cenar, y nos fuimos a ver que tal estaba. Vaya zona de tapas que tienen. Es la ostia, bares a los dos lados de la calle, todos llenos y en cada uno, una tapa típica a precios bastante económicos. Tanto que dicen de los pinchos y las rutas del norte, para mi Logroño les da mil vueltas en eso, tenemos que volver un finde, debe ser la ostia aquello, porque si un miércoles del mes de agosto estaba a tope, un sábado normal puedes flipar.
Después de unos pescaditos, pichos y chatos de vinos, nos fuimos a un Pub, en el que por suerte había un futbolín. Los riojanos están locos, juegan al futbolín sin poder controlar el balón y al mejor de tres bolas. La primera partida nos tangaron a Mariete y a mí, pero en la segunda que le pillamos ya el truquillo, les metimos unas buenas palicillas a los Argentinos y tipos duros que por allí rondaban.
A las 2, nos tomamos la ultima y volvimos caminando hacia la pensión, con la pena de que el viaje estaba llegando a su fin, pero con la alegría que aun quedaban dos grandes días Zaragoza y Valdemoro de la Sierra.



























